A través de las ventanas cae la nieve, miles de hermosos
cristales ¡Todos diferentes! ninguno es igual a otro, ninguno...
¡Porque Dios ama la diversidad!
Hombre necio, no sabes que ¡Hoy han pedido tu alma!
¿Dónde está ese amor, que me ofrecías?
Esos abrazos, que no recibí, esos labios que no bese.
Tú tiempo es rígido, como una ancla, que se echa
Muy pronto se volverán abrir los abanicos, al calor
Van cayendo al frío suelo, convirtiéndolo todo en un manto
blanco de muerte inerte. Y allí estás tú, tras los cristales,
tan cerca y a la vez tan lejos de mí.
Postergando todo, cada mentira y cada ilusión de nuestro encuentro.
Tus mentiras, te va atrapando una tras otra, y así te enredas cual capullo de gusano. Y te crees y piensas, que tienes tiempo, para amar.
Hombre necio, no sabes que ¡Hoy han pedido tu alma!
¿Dónde está ese amor, que me ofrecías?
Esos abrazos, que no recibí, esos labios que no bese.
Tú tiempo es rígido, como una ancla, que se echa
a lo más profundo del mar, marcando un final.
quedará allí entre las rocas, oxidada por el tiempo
Pronto tus pensamientos serán puestos en olvido,
tu nombre borrado, por segunda vez...
¡Tanto orgullo y soberbia, para que hombre de barro!
del verano. y mi sudor y mi calentura, cubrirá mi cuerpo.
que otras querrán degustar.
Mi corazón latirá, a mil doscientas pulsaciones por minuto,
cual colibrí en busca de una nueva flor, es una máquina perfecta
en el arte de amar.
¡Sabe muy bien, que ahora tiene que invernal! ralentizará su corazón, pero siempre soñara, con una primavera y un verano eterno, volverán las golondrinas amar, a otros juncos y otros príncipes.
Ahora soy yo, quien despierta para no creer en falsas promesas,
y mentiras. Amare y soñaré en cada instante, en cada nanosegundo
que tenga de vida.
Viajare como un cuervo sobre las alas de una águila, que me
llevará a lo más alto, hacia el sol, y allí reverenciare su calor.
¡Llegó el momento de levantarme!
Sabiendo que soy una hermosa piedra, comprada a gran precio,
y transformada, en las manos del único orfebre.
Y que mi identidad, es pasajera en este poema.
¿Amarte para qué?
Si solo eres agua sucia, que se deja correr...
Eres tan efímero como una brisa, y tan cambiante como una mirada.
Eres un poema más...
Yo soy un río que fluye, llevando vida, dejando atrás lo que fue,
un eco de lo efímero, un susurro en la brisa y en mi viaje eterno
aprenderé a perdonar, lo que se va.
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Foto de la red

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