viernes, 3 de julio de 2026

LA FELICIDAD DE VIVIR EN PRADOLUENGO


En Pradoluengo despierta el día, con las dichosas campanadas; 
es verano y el nacimiento de su río, cuenta los secretos entre piedras y memorias.
Los bancos junto al bosque guarda las voces antiguas: de amores y amantes, de senderistas que sueñan con salir más allá de estas montañas.

Mientras tanto llegaron las aves al pueblo: vencejos, golondrinas,
a reparar sus viejos nidos, y a crear otros nuevos en los aleros; mientras cagan todo a su paso: coches y los cristales quedan pintados de mapas imaginarios.
Todos somos cómplices: limpiar se vuelve el deporte del pueblo, risas y escobas al vuelo, mientras los gorriones, nos vigilan.
Benditos gorriones que no se han extinguido aún

Hoy, al leer estas palabras, recordamos a todos los que se marcharon de este pueblo en el otoño y en el invierno de sus vidas. 
Tejieron en sus casas año tras año y guardaron sus recuerdos en ovillos de lana e hilos. Mudaron el alma, en tardes de lluvia; los grises lo cubrían todo, salvo algún paragua rojo, que daba color a la vida.

Sus casas están vacías; sus recuerdos, están en cajones y en fotos; sus cucharas laten en la mesa y en el silencio. Una llave sin usar en una puerta cerrada.
Pero todos ellos dejaron una simiente: una historia, propia, que sigue haciendo pueblo. ¡Pradoluengo abre los brazos a los extranjeros!

Todo el pueblo se vuelca con ellos. Se vuelven manos que mecen, se vuelven manos que se consuelan, manos que sanan. Es un pueblo amigo. Vivir aquí es aprender que la dicha es pequeñita: un pan compartido, unas risas, una carta que se envía, un olor a guiso, pasos lentos, un fresco color en la sombra.  
 
Hoy nuestro pueblo está lleno, de quienes fueron niños: vuelven ahora con canas. Traen cochecitos y ven correr, a los nuevos piececitos tras la pelota. 
Llegan las maletas se abren en risas, aromas, ilusiones y sueños.

¡Pradoluengo es un pueblo, donde se puede ser feliz!
Tiene sentido de pertenencia, ritmo pausado, apoyo mutuo, tradición  y renovación. Sentido de la continuidad y sencillez gozosa. 
Y en la plaza y el mercado, los ausentes y los presentes dan abrigo a la memoria y al porvenir.

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