Todo parecía perfecto, pero la droga lo invadía todo,
los pensamientos, los deseos, el cuerpo, cada raya que se
esnifa, era un paso a una muerte anunciada de blanco.
Una muerte de los sentidos un subidón, o un bajón,
según se mire para escapar a una realidad efímera, mezclada
con unos porros que le dan el toque especial al encuentro.
Una tormenta se estaba creando, en el centro del pensamiento,
a orillas de unos de los cinco deseos primarios...
Un huracán de sensualidad y rachas de lujuria descontrolada.
Un deseo intenso solo sexual del hombre de barro, se quebraja
y se moldea como arcilla en manos de su creador, cuando recibe
el agua de los besos más apasionados dados por el hombre.
Su cuerpo se vuelve maleable y se moldea en formas inimaginables
la saliva recorre cada parte de la materia.
Y rayos visuales se desplazan por un cielo carnal...
Cubierto por el vapor que sale de la tierra, donde los cuerpos
se revuelcan en el lodo del placer, mientras el magma ardiente
sale por cada poro de la piel.
Cada beso, cada mirada, profunda es solo lascivo, pronto viene
un cambio radical, las rayas se acabaron, y todo vuelve a ser primitivo.
Las nubes negras lo cubren todo, los cuerpos cansados del sexo
más bestial, cambia de color, ahora va en caída libre.
No hay droga, y todo lo que se podría construir, lo destruye el yo.
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