miércoles, 26 de agosto de 2026

ELLA TIENE EL CONTROL




Tenemos que dejar de vernos.
Me estoy enamorando de ti.
-No seas tonta, -¿Porque lo dices?
-Son cosas mías.

Nos reprochamos las mismas 
debilidades y, sin embargo seguimos.
-¡Te dije que no te enamoraras de mí!
¡Qué ilusos ambos ya están enamorados!

La química y la física prenden 
desde el primer beso, cuando rocé 
la comisura de sus labios, 
y se extiende a toda la boca.

Insaciable deseo de placer y morbo 
que lo enciende todo.
Ella tomó el control, yo me dejo llevar
-Déjame a mí -¡No hagas nada!

Al cabo de un minuto, estoy a punto de estallar
Sus besos, sus caricias, sus mordidas a mis pezones.
Como baja milímetro, a milímetro, por mi vientre. 
Y como un huracán devora todo a su paso.

Luego sube hasta mis oídos y me dice:
-¿Te das cuenta que yo soy más suave que tú?
-Y logró poner te así.
-Si ... ¡Siento ser tan bestia!

-Ahora te daré un masaje.  
Corría el aceite por mi espalda y glúteos, ella encima, 
transformando el tacto en lenguaje.
Comenzó a masajear con todo su cuerpo, en un perfecto 
cóncavo y convexo.

Allí estaban nuestros cuerpos, meciéndose como olas, 
húmedos y calientes, rozaba mis oídos con insistencia, 
su respiración se hacía más densa
-Date la vuelta.

El mundo se quedó en su quietud 
y ella dueña del silencio,
puso las manos en mi noche y me enseñó a respirar.
Nos quedamos así, entre latidos y luz.

Con la promesa, de no decir nada más que el nombre del otro.
Me dejó el huracán en la piel, tiempo para aprender a sostener la tempestad.
¡Cerró la puerta sin prisa!

Yo quedé contando las huellas que en su paso dejó.
Ella impuso su ley: la marea que sube y baja, el pulso que dicta 
el ritmo y el viento  que esconde el mar.

¡Nos volvimos onda y memoria!

Todos los derechos reservados, propiedad intelectual.
Foto de la red. SDA.

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