Me estoy enamorando de ti.
-No seas tonta, -¿Porque lo dices?
-Son cosas mías.
Nos reprochamos las mismas
debilidades y, sin embargo seguimos.
-Ahora te daré un masaje.
-¡Te dije que no te enamoraras de mí!
¡Qué ilusos ambos ya están enamorados!
La química y la física prenden
desde el primer beso, cuando rocé
la comisura de sus labios,
y se extiende a toda la boca.
Insaciable deseo de placer y morbo
que lo enciende todo.
Ella tomó el control, yo me dejo llevar
-Déjame a mí -¡No hagas nada!
Al cabo de un minuto, estoy a punto de estallar
Sus besos, sus caricias, sus mordidas a mis pezones.
Como baja milímetro, a milímetro, por mi vientre.
Y como un huracán devora todo a su paso.
Luego sube hasta mis oídos y me dice:
-¿Te das cuenta que yo soy más suave que tú?
-Y logró poner te así.
-Si ... ¡Siento ser tan bestia!
Corría el aceite por mi espalda y glúteos, ella encima,
transformando el tacto en lenguaje.
Comenzó a masajear con todo su cuerpo, en un perfecto
cóncavo y convexo.
Allí estaban nuestros cuerpos, meciéndose como olas,
húmedos y calientes, rozaba mis oídos con insistencia,
su respiración se hacía más densa
-Date la vuelta.
El mundo se quedó en su quietud
y ella dueña del silencio,
puso las manos en mi noche y me enseñó a respirar.
Nos quedamos así, entre latidos y luz.
Con la promesa, de no decir nada más que el nombre del otro.
Me dejó el huracán en la piel, tiempo para aprender a sostener la tempestad.
¡Cerró la puerta sin prisa!
Yo quedé contando las huellas que en su paso dejó.
Ella impuso su ley: la marea que sube y baja, el pulso que dicta
el ritmo y el viento que esconde el mar.
¡Nos volvimos onda y memoria!
Todos los derechos reservados, propiedad intelectual.
Foto de la red. SDA.

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