Los dos se miran de ciudades diferentes:
uno con un deseo que pide siempre más,
otro con un hambre que solo pasa de vez en cuanto.
Cuando tiene ganas y su encierro se lo permite.
Él llega con olor a humo, los bolsillos
llenos de excusas y doblez de palabra.
Ella le mira como viendo una herida: con
cuidado, con miedo que sangre otra vez.
Los mensajes de madrugadas hablan
de deseo, pasión, y lujuria.
Solo son noches para uno, mientras ella espera
su cuarta cita.
El usa sus manos sobre ella, sin pedir permiso
ella trae un anhelo que pesa como el despertador.
Se besan en el coche, apasionadamente mientras
las luces pasan como cortes rápidos en una serie.
Ella lo quiere todo, la hora completa.
"Te quedan treinta minutos"
El quiere quedarse cuando la madrugada se vuelve memoria
"No me pidas confesiones" dice él.
"No te pido nada que no puedas dar" responde ella.
Él se marcha, ella no recuerda su nombre.
La almohada guarda un hueco que nadie reclama.
La ciudad sigue, indiferente, su historia no merece eco.
¡A por otro cliente!
Así es, ella asiente, otra noche...
La almohada guarda un hueco que no se despega.
Ella y él en silencio, esperando un próximo encuentro.
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Foto de la red. SDA.

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