que se quedó colgada entre ambos.
El calor pegaba fuerte en el mes de Agosto,
Madrid vacío casi sin gente.
El bus marcaba siempre la misma ruta,
las mismas paradas, la misma rutina.
Ella leía un libro, él la miraba a ella, los gestos
eran mecánicos se podía ver a la distancia.
La oscuridad de la noche, los igualó, no
había miradas de terceros.
El se acercó con cuidado, midiendo el silencio,
como quien mide un terreno minado.
El con su mano, rozó la suya, fue el momento de
mirarle a los ojos y decirle : "Si no quieres me voy"
susurrando al oído, su voz no llevaba amenaza,
solo era llevada por la verdad del deseo.
Ella dejó que su mano, buscará su brazo para bajar
No había prisa, aún quedaba una parada.
La piel respondió con un pulso cada vez más acelerado,
y el aire se llenó de pequeños sonidos de la ciudad
Sé apoyaron uno en el otro, no para esconderse, sino
para recordarse que aún podían escoger.
caminaron hacia el portal, él la invitó a entrar,
la intimidad fue un intercambio de calor y realidad.
Una frase susurrada, unas toallitas compartida para
secar el sudor, la promesa muda de hablar cuando amaneciera.
A la mañana, la rutina de la vida, volvió como un muro
Pero había algo que los dos podían ver
No era un compromiso público, ni un juramento heroico,
era apenas una cláusula escrita en silencio: Nos encontramos
en el bus y si queremos, volvemos a encontrarnos, la misma línea
la misma rutina, pero con una luz de esperanza.
Todos los derechos reservados, propiedad intelectual.
Foto de la red. SDA.

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